Pero vayamos a esas miradas echadas a través del objetivo de las cámaras digitales. La fotografía superior, tomada al poco de adelantarnos Raquel, creo que rondaba el km 18. Todo el tiempo hasta allí, Diego y yo fuimos casi a la par. Los primeros 7km los llevé a un ritmo alto, conociéndome, que no doy mucho en los finales y que si no lo hacia Diego se me iba. Incluso así le tuve que pedir al principio que se quedase y luego le sugerí que se uniese a grupos más potentes.
Diego ha roto su maleficio, su paradigma. Ha tirado por los suelos una imagen irreal de una carrera larga imposible para él. Como en todas las distancias, Diego es capaz de llevar ritmos infernales en todos los tramos. Y así lo hizo desde el 7, donde el grupo de Loren al que hicimos de liebre durante el primer tercio se fue alegremente. Nos quedamos solos pero nos bastamos. Nuestro ritmo menguó y hubo muchos adelantamientos pero nos concentramos mantener la velocidad y no hundirnos o animarnos demasiado.
Todo hasta el 14 donde Diego se puso a tirar como un fiera haciendo que no cayera mucho más. Poco podría haber hecho yo, después de una fuerte apuesta. Mi cabeza entonces rondaba futuros plausibles, sin carreras, sin carreras sevillanas, lo cual me entristece. Pero Diego me hacía volver al "carpe diem" y saludar a los chicos en la calle. Me giraba para ver el público que disfrutaba con las corredoras, Maria y Raquel a una velocidad superando a todos.
Sabéis que en estos miramientos poco cabe de la critica a las organizaciones sino agradecimientos, pues eso hago, sabedor que están haciendo todo lo posible para que el punto más débil de esta carrera, la salida sea diferente y nueva. Espero que puedan implementar nuevos metodos (asignacion de dorsales por tiempo con cajones diversos, federados y no federados.... u otras ideas) y evitar las confusiones en la entrega de dorsales.
