Nada nuevo en esta carrera. Nada fuera de lo comón en las sensaciones y encuentros en la cima de Chiclana.
Excepto un corredor. Estoy entusiasmado con él. Ha surgido en dos años y da zancadas con un control de ritmo asombroso. Ya me batió en Cádiz (ese ataque de tos le impidió entrar en meta antes, pero como si lo hubiese hecho). Antonio será mi referente por delante a partir de ahora.
Mermado el número de corredores por el gran numero de competiciones en un mismo día, los que corrimos no llegamos a los 600. Chiclana tiene asegurado un numero de corredores locales que no consigue otras localidades gaditanas ni teniendo mayor numero de habitantes.
Este año me he decidido ha participar en las 7 carreras chiclaneras. Aunque continue criticando que el circuito de premios en exclusiva a los locales, me muero por correr por sus calles y codearme con sus corredores (genero neutro).
Pero dejadme que me aleje un poco, que sea público en vez de corredor. Me apoyé en las rejas que cierran el parque. Fue donde apareció ese instante singular y dign de recordar. La carrera principal terminó y se preparó la carrera para adaptados. Si ya me pareció fantástico que ellos, los adaptados, estuvieran cortando calles y apoyándonos con sus monitores, su participación en la carrera y el comportamiento del público me llenó de satisfacción de nuestra civilización que avanza en afecto a todos, sean como sean. Pues pienso en lo que dirian los viandantes de la misma ciudad hace cuarenta años al ver en la la calle a ellos, los adaptados. Insultos y desprecios es lo que recibían echando la vista atrás. Por eso permanecían ocultos al pueblo, encerrados y maltrechos. Y más crueles eran los que no llevan muchos años de vida, donde hay cierta crueldad hacia todo aquello que es más frágil.
Pero ese 8 de noviembre estaban ellos, los adaptados, corriendo calle abajo y arriba en un tunel de aplausos y vitores. Allí estaban ellos, protagonistas con los brazos en altos y los dedos mostrando el signo de la victoria. Y los chavales, los que más aplaudían.
Que haya más carreras para ellos, con nosotros.
Gracias Chiclana.
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