sábado, 28 de septiembre de 2013

Recuerdos de Benifaió. Vueltas a mi pueblo de acogida 16-8-2013

En esta nueva serie de narraciones, me hundo en mis recuerdos, y saco a la luz de la mesa de mi escritorio, a orillas de la bahía que me vio nacer todas aquellos gratos recuerdos de carreras del pasado que me saboreo en mi memoria.

Y quiero hacer pública una modesta carrera en el pueblo valenciano que me acogió en enero de 2012 hasta hace escasos días. Si me sentí extraño, me duró poco. Puede que, por mi carácter apátrida, hago patria donde me sonríen. Y Valencia me sonrió bajando de los aviones, trenes, metros y autobuses. Y Benifaió, modesta localidad, me sonrió.

Usé sus pistas asfaltadas, sus puentes sobre vías sin trenes, sus caminos entre arrozales, naranjos y huertos. Y pude correr su carrera popular. No tuve la suerte de hacer su media maratón pero con mi maleta siempre en la puerta cada dos fines de semanas y si no con los zapatos de seguridad se me hizo complicado.

Pero esta carrera discurrió por sus calles en una tarde de viernes de pleno verano 2013. Tenía mis días contados y quería contarla esta carrera. Desde mi casa hasta la salida no había ni más de 200 metros. Me anticipé para inscribirme y recoger mi número marcado sobre un plastico con publicidad.
Con tiempo de sobra y con ganas de mover mis piernas sobre su asfalto, recorrí las calles marcadas de Benifiaió como el camino a seguir dos veces. Sus vecinos no cambiaron sus hábitos de las tardes de estío y sus sillas poblaban las estrechas aceras para evitar los calores de sus hogares y haciendo que vecinos compartan su habitat común. Algunos exclamaron en valenciano que no corriese tanto todavía. Pero sin evitarlo y sin querer hacerlo, corría y corría. Calle arriba y calle abajo. Sonriendo y añorando anticipadamente lo que iba a dejar. Se me pasaba pensando lo que iba a ganar.
Y salimos corriendo. Y corren muchos en Benifaió. Uno de ellos corría con el cochecito de su hijo a una velocidad prohibida para esos vehículos.Los seguí como pude y las dos vueltas pasaron volando. Los organizadores se multiplicaban para cuidar a los corredores y así iban en moto o bicicletas escoltando a los grupos y cortando calles.
Y la llegada, emotiva y feliz. Pues espero siempre lo mejor de la gente. Y volví a tenerlo. Pues una chica detrás de una mesa llena de gajos sandía, me reconoció como el extravagante corredor de la pista de atletismo de Benifaió, que hacía series con frío o calor. Otro recuerdo para guardar para mí. Otro recuerdo para compartirlo contigo.

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