Sabía de esta carrera. Sabía porqué se habla de ella entre los corredores de Valencia como una experiencia única. Fuerte en dureza, en ambiente y en público. Había que ir, que correrla.
Mi buen amigo Pepe, me dio otro regalo de cumpleaños: Una tarde con nuevos amigos, con nuevas calles y carreteras que correr.
Fuimos 4 en el coche en una animada conversación llenas de historias que no dejan de ser el sentido de cada persona. Y en la parte de atrás del coche un buen veterano nos llenó de historias de otros mundos, de otros retos. El habia leido un libro que yo, en aquellos días, leía y me reía entre sus palabras. "Nacidos para correr". Me contó el final, motivo de enormes risas, pues el final de una carrera, para los que íbamos en el coche no importaba. Ni siquiera era lo más importante de ese libro tan recomendable. Aparte de eso hablamos de zapatillas, maratones, rallies y aparcamientos.
Aparcamos cerca, muy cerca de la salida. Me recordó a Diego buscando en las carreras gaditanas la plaza de aparcamiento debajo del globo de salida. La plaza de aparcamiento en esta ocasión era en una pequeña huerta, donde Pepe y el otro conductor del otro coche guardaron su coche. Teníamos losmúsculoss faciales bien entrenados de tanta sonrisa!
Nos hicimos nuestras fotos de grupo con un fondo de calabazas y unas nubes que prometían una tarde plácida sin el castigo del astro rey sobre nuestras cabezas en las rampas de las colinas valencianas.
Calentamos las piernas en las calles de la localidad con grandes problemas de tráfico humano. Quedando escasos 15 minutos decidí adelantarme a la meta, mientras que el resto del grupo prolongaba su discurrir previo. Pero me quedé detrás de ellos en la salida. Listos como el hambre, pasaron unos cientos de corredores apostados en la salida por la acera hasta encontrar un hueco para entrar.
La salida fue lenta y mi avance por entre la multitud tardó más de lo previsto. Al kilometro alcancé a mis compañero de diversión y seguí mirando al frente, marcando un ritmo fuerte de zancada, sin temor a la leyenda ni a los comentarios ni al perfil del folleto de información de la carrera. Eso sí, cada vez que se acercaba uno de los muros de los que teníamos que ascender se me acortaba la zancada.
Iba pasando de un grupo a otro sin encontrar el que realmente iba a ser el adecuado a esta carrera hasta al menos la mitad de la carrera. Antes, tuve que subir una cuesta empinada y medianamente larga en una urbanización del pueblo y otra más larga y menos dura en la carretera. Allí vi la cara de Chema, con su rostro de esfuerzo y de poca alegría al ir segundo y a mucha distancia del primer clasificado.
Me asocié entonces a un grupo donde nos alternábamos tirando uno de otros.
Y no vi el infierno prometido, esa bajada al hogar de Mefisto donde las piernas castigadas no me respondían. Todo lo contrario. Llegué a Siete Aguas, al Paraíso donde los ángeles se agolpaban en las aceras animando a los corredores. "mira a ese como sonríe", oí decir. Y muchos "Vamos Germán!!". Por un momento pensé que había muchos compañero de fábrica hasta que me escuché "Vamos Pedro, Vamos Vicente". Todos dabamos pistas al publico con imperdibles. Nuestros nombres en nuestros dorsales provocaban esos animos personalizados.
Y lamentablemente llegó la meta. Pues podía seguir dando vueltas a sus calles. Y allí me inché de fruta y respiré en ambiente post-carrera tan grato. Delante de una pantalla, finalmente, se me escapó un "olé" al ver que llegué el cuarto de mi categoría.
A la vuelta, con el corazón agitado por la certeza de mi salida de este trozo de cielo que es Valencia, mis compañeros de aventura me aseguraban "volverás".
Y el tercer tiempo fue fantástico. Si alguien me veía entre ellos, podrían asegurar que yo era conocido suyo desde parvulario.
Espero, deseo, quiero, volver a correr con vosotros.
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