No pensé que podría salir de marcha por Valencia con tantos a la vez. Ni menos ir por tantos sitios de tapas y copas en tan poco tiempo. Ir del puerto deportivo al Ayuntamiento, pasar por el río y la Ciudad de las ciencias en menos de una hora y a pie no estaba en mis planes de emigrante. Y no es que estuve encerrado los fines de semana alternos. Alterné. Lo confieso.Leímoss libros en el Rincón de Roberto y en sus alrededores.
Pero ese 15 de Junio nos recorrimos unos 7000 chicas y chicos, conocidos y no conocidos y nos metimos sin aguantar la respiración unos placenteros 15000 metros entre los pies.
El mediterraneo nos regaló una noche cargada de humedad para dar alguna dificultad a un recorrido plano con una temperatura más que aceptable.
Mis anfitriones valencianos y yo quedamos lejos de meta y anduvimos un par de kilometros, atravesando alguna falla que preparaban unas buenas paellas, bien aderazadas de humor y compañía. Y el grupo de corredores, llegamos al puerto, donde reinaba un ambiente impresionante. A estos corredores no se les sacia nunca. Tendrán ganas de pisotear calles, caminos y playas todos los días del año, y a cualquier hora.
Me acercé a meta antes que mis conocidos y me aposté detrás de un grupo a la derecha de la salida. ACDC sonaba atronador en los altavoces que daban ambiente a la calle, de por sí más animada que cualquier otra noche. El animador de la carrera, gritaba por su micrófono que levantásemos las manos para que se contase la multitud. Incontable. Menos mal que existe detector de manos levantadas como contador de personas en manifestaciones. Ensordecedora la salida y a toda mecha.
Sin gafas miraba el infinito de la avenida del Puerto. Dos kilometros y pico corriendo en linea recta detrás de los más rápidos. Pero la ancha avenida no impide a los que salieron más lentos alcanzarnos y lanzarse a por los primeros.Dimos un par de vueltas cerca de la Alameda, pasamos por pleno centro y nos dirigimos por el antiguo cauce hasta volver al circuito de velocidad.
En los últimos kilómetros me codeé con un chaval -todo menor de 45 es un chaval- que me trataba con respeto. Poco me tienen que tener. Llegó como siempre el último trecho donde muchos me adelantaron. Pero queda una buena anécdota. En el espigón de contra meta, pasada la marca del 13, un grupo musical hizo una parada. Yo pasaba solo justo detrás de un grupo que fue jaleado por los jovenes musicos. Sonreían cansados de tocar tanto tambor y decidieron parar justo cuando pasé y fuí yo quien los jaleé.
Mucho sudor pero pocas lágrimas. Y mucha sonrisa para comensar otros pesares, que todos tenemos. Pues unos cantan, corren en bicicleta, o en patines, o hacen vela, pero todos tenemos -o debemos tener una fuga a nuestras presiones. Y la mía tiene su válvula en la planta de mis pies. No creo que todos debamos escapar de la misma manera, pero si pienso en que debemos escapar. Corre!
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