Es habitual
escuchar entre los tertulianos corredores el término sensaciones. Ya forma
parte de los saludos previos a una carrera o al resumen al término de la misma.
Pero para mí, como un no-corredor, al que este cuño no lo quiero tomar tan a la
ligera como para reflejar lo que he sentido. Pues son no solo el roce de los
huesos o el esfuerzo de los músculos, con su cansancio o sus molestias, lo que
a uno le llena cuando corre. Y estos sentimientos son los provocados por lo que
uno ve, huele, oye, palpa, saborea, más todo lo que el sexto sentido nos aporta
a nuestro cerebro.
El corazón palpita
redondo o quizá a trompicones, o quizá lo haga tan suave que no se altera
cuando me coloco en la salida. Quizá porque ya vamos sin ánimo de marcas o de
superación sino la de llegar. Quizá sea porque esta carrera ha bajado de
perspectiva, de una carrera grande en la provincia a ser una media más. Porque ni
ha tenido los medios que yo esperaba ni la presencia de corredores,
patrocinadores y administraciones. Es una pena pues podría haber sido una
primera edición revolucionaria.
Ya llegando al
Hotel Valentín, noté un cierto ambiente ajeno a la carrera, sin carteles, sin
señales, algo que una carrera que se postula como referente de media maratón en
la bahía ya da un paso atrás. Como por ejemplo, indicación de aparcamientos,
recogida de dorsales…
Recogiendo a los
dorsales en una pequeña mesa del hotel daba a entender que para los menos de
600 corredores es suficiente, gran parte de ellos iban a correr un 10.000 para
reservarse a la que al día de hoy se ha convertido en la más popular, la de
Cádiz a San Fernando, a pesar de su recorrido poco agraciado en ambas ciudades.
Alguien dispara y
salimos todos a ritmo. Por mi parte totalmente una locura, pues la mezcla de
corredores con distinto objetivo hacía emprender la marcha a una velocidad no
muy adecuada para aguantar 21km. Además de agraciarse con una leve cuesta y un
pequeño viento racheado del Este. Llegó el giro para volver y bajar y
aprovechamos para estirar algo las piernas después de muchas zancadas en corto.
Tuve la enorme suerte que tanto al final de la subida como casi toda la bajada
fui acompañada por la campeona chiclanera. No es la primera vez que corremos
juntos, pues en muchas medias he disfrutado de su compañía en muchos kilómetros
hasta de decide separarse de mí. Pasa volando Marco diciéndome que he de
reservar porque la carrera es larga. Y yo tomo nota. También a ratos voy con
Víctor, pero está algo irregular en su marcha.
Dejamos a los
corredores del 10.000 volviéndose a meta, para seguir bajando hasta el poblado
de Santi Petri. Llegando a él, otra suerte más. Jose me alcanza y tira de mí
cuando el levante arrecia contra nosotros a la salida del poblado y en las
primeras cuestas. Pero no puedo con él y reservo energías para la última y
definitiva cuesta que vendrá después del paseo marítimo, donde el viento no nos
machaca en exceso. Al final del paseo, en el tramo de tierra paralelo a la
playa, pasa Joaquín como una flecha. Con tranquilidad y con los animos de Mari
Carmen y Raul, afronto el ultimo tramo en cuesta.
Pero os cuento lo
que sentí. Lo primero fue una lastimera frustración por la organización. La
falta de dialogo entre las localidades de la provincia hacen que coincidan 2
medias, Rota y Chiclana. Rota anuncia siempre cercana a la fecha su media maratón,
mientras que Chiclana lo hizo el pasado año. Rota se aferra a la tradición del
primer domingo de abril después de Semana Santa. Chiclana sus argumentos de
anunciarse antes. Y luego las elecciones hacen retrasar la media gaditana que
reunirá al siguiente domingo a más de un millar de corredores que restan a una
y a otra corredores. Esta media debía haber sido celebrada el 22 de Marzo, fin
de semana cercana a la Pepa, pero las elecciones pisan los recursos y se
pospone al primer fin de semana libre. Porque claro, la semana santa no se
puede correr. Es extraño que Malaga si tuvo recursos para su media en las
elecciones y Madrid en Domingo de Ramos. Frustración ante un país que avanza
ligeramente y nuestra provincia retrocede.
Pasado esto, y fijándome
en mí, algo muy egoísta pero certero, no me dolía nada las piernas y me sentía
con más fuerzas que en Madrid. Y así fue. Aunque los tiempos no se pueden
comparar, hacer un minuto menos era un síntoma. Pero más que eso fue lo que
sentí. Las subidas, el viento en contra, el ir con alguien que necesita la
protección del viento me ayuda a correr más contento. Hay una foto de Manué de
esfuerzo en la subida última Hay otra de mi llegada a meta en la que vuelvo a sonreír.
Pura satisfacción.
Oía a la gente
saludar a la primera dama de la carrera llegando detrás de mí. El viento lo
sentí durante buena parte de la carrera. Vi a amigas y amigos, no a todos,
porque prefirieron luchar por el dinero en Rota. Vi un recorrido retador, lleno
de posibilidades para el futuro. Note la sal de mis poros en los labios cuando
me secaba el brazo. Olí la primavera llegar y el infinito olor que trae el
levante de un verano que pueda que nos estremezca de calor.
Quiero hacerla
una vez más. Quiero que la próxima vez sea un completo placer, que sea el
resultado de unos preparativos bien hechos, de la participación de muchas
entidades y personas que se merecerán el aplauso y la satisfacción de tener la
mejor media maratón de la provincia. Que la primera haya sido una anécdota y
que nos llenemos de orgullo de contar con una prueba de renombre. Hace falta
mucho pero en Chiclana se puede hacer.
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