martes, 5 de enero de 2016

II Cross en Rota. O como se hacen 9 km en un pinar

Me hubiera gustado que hubiéramos estado todos. Los eché mucho de menos. Y eso que Manuel es más que grata compañía. Tanto quieto como corriendo.
La lluvia suave que precedió a la carrera aseguraba que la arena no iba a estar muy suelta y que no iba a ser aún más exigente. Pues este Cross es de lo más exigente. Subidas y bajadas, giros, cambios de terrenos, raíces y tocones dan ese toque de singularidad de los Cross frente a los recorridos urbanos hacen que los corredores nos esforcemos en dónde y cómo pisar. Y los que me conocen saben que la técnica es uno de mis numerosos puntos débiles. También saben muchos que mis condiciones físicas no son las ideales para hacer cualquier tipo de deporte. A eso se añade a mi falta de técnica, mi nulidad en la estrategia de la carrera, contribuye a uno de los mayores enigmas de mi vida. ¿Por qué corro? No puedo ni éste ni los otros enigmas resolverlos. Por eso son enigmas.
Pero volvamos a la carrera. Allí, los pocos corredores (incomprensible, por cierto. A no ser que, como me paso a mí, la poca visibilidad en los círculos de los corredores estuvo a punto de no enterarme) nos juntamos en la salida, donde uno de los miembros de la organización (impecable por cierto) nos dijo las indicaciones para completarlo. Y Manuel me recordó que fuera prudente. Y así hicimos en un pequeño grupo la primera vuelta, reservando lo posible y aprendiendo de mi otro maestro. Me moriré sin saber ni la mitad de cualquiera de ellos. Pero en la segunda vuelta noté que Manuel se reservaba más y decidí comandar el grupo, haciendo un pequeño cambio de ritmo. Notaba cierta alegría en mis zancadas, pero frenadas por el temor de algún tropiezo. Y en varias ocasiones por poco no acabo con mis huesos sobre la hojarasca de la pinaleta.
Llegada a meta, con unos segundos sobre Manuel. Vimos al otro, a Gasca, en meta. Nos fue invisible hasta ese momento. Al hacer repaso de mi isquio izquierdo, piramidal derecho, tobillo izquierdo.... todo en orden. ¡Pues a desayunar, otra vez! una magnifica media tostada. Por último, antes de volver a casa, sorteo de regalos con risas y comentarios humorísticos. Y me tocó una cena en Rota. Espero poder pronto programarla con los amigos.

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