No llego a creerme que estar bajo 4 min/km está ya fuera de mis
posibilidades. Y esto me paso en San Fernando el sábado 28 de Mayo de 2016.
Resulta que antes de inscribirme, le envío una nota a la organización por si
los tiempos que he hecho en este año me valen para estar entre los
privilegiados que no han de sufrir apelotonamientos. Su respuesta positiva no parecía
dejar lugar a dudas y por un rasposo 4:01 si me dejarían.
Craso error. Porque las normas son las normas y la realidad es que ya no soy
de ellos. Ya soy de la mayoría, de los que llegan pero no despuntan, los que
colorean la carrera pero no rompen cintas ni comparan tiempos. Ya soy de los
que van a las carreras por sus marcas, por el encuentro pero nunca por ganar.
Pero eso creo que lo era antes.
Lo cierto es que ya soy un corredor descatalogado. La mano derecha del
militar, su giro continuo de cabeza, me lo decía claro. Ni las rogativas de Mon
fueron posibles. Eso es lo que hay. Alguien ajeno a mi entorno, con los datos
por delante me lo decía. Olvídate de lo que eras. Ya eres otro. Con las orejas
gachas y pensando en cómo me había de tomar la carrera, me dije que estaba en
el límite y no abajo del todo. Por eso me acerqué lo máximo posible a la zona
de los corredores de alta velocidad.
De nuevo, la carrera fue trepidante con un ritmo muy alegre. La primera
parte me mantuve, hasta que ya entrando en la ciudad, Juan Cuevas me adelanto,
una vez más con su manera de correr tan potente. Quise aguantar pero duró dos
segundos. A rato ya me habían adelantado unos cuantos y terminé la carrera
rozando los 4 minutos.
Es el momento del cambio. Dos años ya bajando poco a poco pero esta carrera
ya ha marcado un hito. Lo hizo hace dos cuando mi cadera se quejó. Ahora
reflexiono y pienso en cómo mantenerme, en donde colocarme en las salidas, como
volver a casa. En seguir diciendo que la carrera me ha salido fenomenal cuando
ya los tiempos me alejan de mis compañeros.
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