viernes, 27 de mayo de 2016

Corriendo hacia Sancti Petri 22-05-2016

La verdad, es que no tengo muchas ganas de escribir. No tengo ninguna. Pero me duele no recordar lo buenos momentos y en esta carrera los hubo y quizá al final. No me voy a extender en narrar lo siempre narrado: pocos corredores (varias carreras en la bahía han hecho que no nos multipliquemos), rozando los 700 (esta carrera merece 1500). Ruta algo variada a anteriores ediciones con mucho en carril bici para no cortar calles. Luego lo mismo. Sin mucho calor, con algo de humedad y una meta fantástica.
Aproveché para remojarme los pies en el caño. La temperatura no era nada fria. Y luego me invitaron a una cerveza y media.
Y ahí lo bueno de la jornada. Pues por un motivo u otro no tengo posibilidades de disfrutar del tercer tiempo de las carreras. Muchos lo hacen, e incluso un cuarto tiempo que incluye comilona en algún restaurante cercano a la meta. Como iba diciendo unos magníficos corredores me invitaron a una caña mientras me contaban anécdotas de sus carreras. Una allí con un grupo de corredores, otra allá con mucha lluvia... sus años corriendo por España y por el mundo dan para libros, dan para narrar y narrar aventuras. Y aprendes de ellos a como ver que las marcas, los puestos dan igual. Lo que importa es la meta, es estar en ella y poder luego narrarla. Ellos pasaron la noche anterior de reunión de amigos hasta las 3. Yo, hasta la 1. Sin quejarnos, las usamos de excusa. Sin quejarnos la contamos para repetirla. Desaparecen ideas políticas, económicas, religiosas. Nos convertimos en corredores, y lo común lo disfrutamos. Hicimos chistes sobre las carreras en la otra vida. ¿Y correremos todos en la misma categoría? ¿Quién repartirá los dorsales? ¿Allí habrá cuestas? Mientras llega, corramos en la tierra. Mientras llega, sumemos recuerdos agradables para superar los desagradables. Corro a meta de cada carrera esperando recoger ese recuerdo que me contrapese los otros.

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