Demasiado madrugar. Este dueño nos trae locas. Mira, que nos llevaban. Mira que nos habían recogido el dorsal. Mira que está cerca. Ala, tempranito para que el vecino, reservándose para tener una buena recuperación, nos llevase en su coche. En Jerez, nos aparcaron en frente de la puerta de maratón, más cerca imposible. Allí, teniendo tiempo, nos dedicamos a charlar, con otras zapatillas de muchos sitios. Por supuesto, tuvimos las preguntas de rigor "y vosotras, ¿qué plan de entrenamientos tenéis?". De las dos mil zapatillas que pagamos, no nos presentamos todas. Mal endémico éste del absentismo. Hasta pagando faltamos al trabajo, al trabajo que nos gusta. Señoras, compromiso, compromiso!!. Que nos hicieron no para estar en el zapatero leyendo las cazas de los zapatos de al lado. Vamos. Hay que apretarse los cordones y salir a pulir asfalto.
En la salida, como siempre empezamos para atrás. La misma historia, con los mismos comentarios jocosos. Y que no nos demos de graciosos porque en Cambados estoy seguro que dicen lo mismo pero con otro acento. Y salimos. Como el chufla, con perdón, del dueño le gusta lucirse se pone por el exterior, y vemos como las zapatillas de los Andrade van por delante. No esperan a nadie. Luego noto el olor de zapatillas de élite. Con el rabillo de los cordones veo a los Manuel de Rota, que usaron cohetes para llegar a meta. Y estuvimos hablando con sus zapatillas!
Los primeros kilómetros marcados fueron claves. No servía para nada controlar el ritmo. No íbamos a saber mucho sobre nuestro ritmo. Total, como le gusta a Germán. Por sonido, por sentimientos, por la vista. Escuchamos la respiración y vemos que tiene fuelle. Desde bicicletas, le animan y les dicen lo mismo "si hablas es porque vas muy bien". Por sentimientos, por el corazón. Palpita sin apretar como le ha pasado en algunas carreras. Notamos el ritmo continuo y suave. El recorrido ayuda porque hasta el 11 es llano. Por la vista porque que ve a los grandes, Manuel Sánchez y Jose que llevan a un grupo a una velocidad no asequible pero si cercana.
Algunas zapatillas hablan de pasar kilómetros, o minutos. Nosotros no nos dejamos llevar por la distancia o el tiempo. Las carreras es el único escenario donde mandamos. Hacemos los kilómetros y en el tiempo en que podemos. Así vamos haciéndolos y viendo muchos conocidos. Pero el 16 siempre cuenta. Notamos que hay cierta bajada de ritmo y nos conformamos pues no vamos nada mal. Pero apareció Lorenzo. Loren nos adelanta, no perdón, nos alcanza, y nos anima. Y no solo eso. Nos lleva por ese kilómetro siempre fatídico. El lleva una sombra azul que no ayuda. Por eso el 19 o por ahí cambio el ritmo y nos ponemos delante. Y entrando, nos hacía ilusión entrar con Loren, que padre triple y reciente de una, hace más mérito que éste calvo que llevamos. Pero ver ese cronómetro con el 17 en el minutero nos vuelca. No se por qué pero habían puesto la meta cuesta abajo.
Gracias Loren. Son de las que no se olvidan.
¡Qué tiempazo, qué crack! Enhorabuena
ResponderEliminar¡Germán, impresionante!.No tengo palabras.
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