martes, 13 de mayo de 2014

Corriendo de nuevo en los Toruños el 11 de Mayo de 2014

No parece nada especial. Yo, corriendo en Los Toruños. Saliendo sobre las nueve de casa con zapatillas, gafas ahumadas y ropa deportiva. No hay nada raro en verme así por mi barrio camino del parque natural.
Pero un número en mi estómago me delataba.
Y no iba a ir solo.
Antes de entrar en la casa de los Toruños ya me encuentro con Eduardo, que, con su buen sentido del humor, me saluda muy amablemente. Eduardo no guarda las sonrisas y se torna serio cuando hay cosas que no le gustan. como a mí. Y también me encuentro con gente de mi antiguo club, mis amigos de Rota. Y de mi club actual, mis amigos del Puerto. Y de otros clubes. Mis amigos de San Fernando, Chiclana, Cádiz, Puerto Real.
Se hace difícil encauzar una carrera cuando es tu ruta de antiguos entrenos, cuando sabes que no podrás ir al ritmo de muchos de los que participan  en tu tierra. Pero, yo no tengo tierra. Soy apátrida confeso. Soy un activista de la patria formada por personas no por suelos, casas o edificios. Soy patriota de mis amigos, corran o no.
Pero la tierra crujió, rugió al disparo de Juan. Acostumbrado a escuchar solo el ruido de dos pares de zapatillas (no puedo evitar hablar del que tantas veces corre conmigo por este parque, moviendo los guijarros y arena de las rutas de los Toruños). Pero 500 pares de zapatillas sonó especial.
Escuché al bueno de Iván aleccionando a otro vecino de los Toruños del exceso de velocidad. Pero ese exceso, Iván lo aumentó, lo cual no me dejó perplejo. Se fue pronto en pos de Jesús, un corredor de otra esfera, que a veces tengo el gusto de seguirlo los primeros metros. Por delante, otros conocidos se fueron locos por la meta nada más salir. Entre ellos Jose, que vino sin reloj, a disfrutar de las sensaciones que da un poco de ejercicio entre corredores.
La recta se alargaba. A la derecha e izquierda de los corredores, los espectadores desaparecieron y solo la robusta y agreste masa vegetal nos recorta el paisaje. A nuestra derecha se ven los inmensos cruceros atracados en el puerto de Cádiz. El puente eternamente en construcción y los inactivos Astilleros. Casi al fondo una Universidad por consolidad. A nuestra izquierda, el río San Pedro. Llegamos al puente de madera sobre este río -falso, pues, honestamente, no lo es-. Alguien me advierte sobre los agujeros del puente. Bien me lo conozco para saber que no. Zigzagueamos entre los pinares y llegamos a correr sobre la otra recta, mas corta que la primera y en sentido contrario. Ésta va paralela a la carretera. El agua del avituallamiento llega en buen momento. Jose Manuel e Israel me adelanta a una velocidad imposible, decididamente no es mi ritmo. Pero luego redujeron el ritmo. Quedaba mucho. Pasamos otra vez a ir al lado del rio San Pedro en su orilla contraria.
Dejamos en una curva de la orilla el extraño trozo de hierro, escultura dedicado a ... no lo se. En mis entrenos marca los 18 minutos a casa. Aquí, en esta carrera, no. Pero no importa. Aguanto el ritmo ya más aceptable de José Manuel y me pongo incluso delante, a un metro. Israel nos sigue. Pero llega el puente. El puente nos lleva a la venta el Macka. Para tomarlo hay que subir una minúscula rampa de unos 40º y 10 metros y serpenteando. José Manuel renuncia a seguirme. Luego confiesa que le tiene tirria a ese cambio. A mi me gusta. Mil veces la tomo, mil veces me esfuerzo para que sea una aceleracion a llegar a casa.
Pasando la venta, no queda nada. De nuevo el publico anima y me empuja a meta. Luego una buena charla, y disfrutar de calentar con Tomás y verlo llegar a meta con buena compañía. Lo peor, que las ambulancias trabajaron. Pide a gritos un cambio de calendario.
Correr con mucha gente en los Toruños es una sensación extraña. Sobre todo si faltan uno, dos.
Espero que pronto no sea así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario