No puedo correr. Me duele la cadera y solo puedo trotar. Pero no me impide pensar en ello. Y soñar. Y escribir. Soñar y escribir.
Sueño que corro por ciudades, por campos, por montañas. Sueño que, con mis gafas de sol, mis zapatillas, mis pantalones cortos y mi camiseta voy corriendo en caminos de tierra, con el sol recién levantado, con una brisa leve del este, levante en calma. Sueño que voy a mi ritmo, a mi antiguo ritmo, fuerte desde el principio hasta que quedan dos o tres kilómetros. Y escribo sobre como me gustaría correr, mientras en mi silla la cadera se queja. Y eso que no me muevo.
Y reflexiono.
No debemos correr como nadie. Debemos correr como nosotros mismos. Cuántas veces me he equivocado pensando que mi ritmo es el del grupo que corre justo delante mía. Cuántas medias maratones me he metido en un grupo y he tirado de ellos. Y ellos charlando. Hasta que quedan tres o cuatro km y se me escapan. Tengo clavada en la memoria la llegada a Dos Hermanas después de un magnifico ritmo. Y en una rotonda, la respiración de mis compañeros se aceleraba y me adelantaban sin compasión, sin estima. Y yo, ignorado, mirando la calle que levemente se empinaba al centro de la ciudad, vacía de espectadores y con un par de policías en los cruces, hacía todo lo posible para no bajar demasiado el ritmo.
Y yo entreno casi siempre solo. Aquí y en Valencia. Esa es una ventaja y un inconveniente. Ventaja porque cada uno sale cuando puede y va al ritmo que puede. Inconveniente son muchos. Porque la compañía es grata, los apoyos, la motivación....
Tengo nostalgia. El esfuerzo, el mirar el reloj y ver lo que has hecho. Saber que te mantienes, más o menos. Estirar los músculos algo fatigados al final y la ducha relajante. Los rodajes largos también los echo de menos. En Valencia tocaba el pebetero, o terminaba con el polígono de Almussafes. En el Puerto, llegaba al polígono san pedro o a Puerto Sherry. Ahora no puedo.
Espero recuperar esos kilómetros en unos meses y volver a desplazar un volumen de aire equivalente al mio en los caminos, lo más rápido posible. Correr hacia donde sale el sol. Y volver. Y volver a anudarme los cordones en mis zapatillas.
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