domingo, 18 de enero de 2015

Entrenando de nuevo en Benifaió

Vuelvo a Valencia y no se me ocurre montarme en el coche sin zapatillas, ni pantalon corto y camiseta a sudar.
Vuelvo a la casa que me vio vivir más de un año. Porque ella me miró, sin extrañarse al girar la llave en su cerradura. Dejé maletas y las zapatillas en el lavadero. Ellas me esperarían  pacientes a que la mañana siguiente le sacase de paseo.
Así, la primera mañana, amanecí pensando en atarme las zapatillas bajar las escaleras y presionar el cero del reloj para impulsarme en la pequeña cuesta, recta hasta el muro que protegía a los trenes de la gente que se lanza contra ellos. Después tuerzo a la derecha para buscar el paso con barreras que sin luces en rojo me dejaron pasar ante la industria que está pegada a la estación. Antes de llegar al Campo Santo, tuerzo a la derecha buscando los caminos pegados a la via del inconcluso AVE que espera paciente a acercar las ciudades de Alicante y Valencia. Hay dos maneras de atravesar las vias. La primera, llena del aliciente de subir y mirar la planicie poblada de frutales y divisar la colina objeto de mis pasos, son los puentes sobre la via. El otro, en un paso horadado a mitad de camino entre un puente y otro. En mis entrenamientos valencianos, he tomado uno u otro, elegidos con el instinto de el esfuerzo de uno y a lo lejano del otro. Pasado al otro lado, se rodea un pequeño poligono industrial cuya fábrica emblema es la de Choví. La ruta que cojo me guia entre cultivos en un estrecho paso de coches para llegar al canal después de pasar la via del tranvía. Llega lejos, sí este tranvía de escaso tránsito y con un paso a nivel que se cruza en mi camino hacia el pebetero de la urbanizacion Serramar. Esta urbanizacion corona la loma que asciende suavemente hasta el canal y luego se empina hasta llegar al pebetero. Dependiendo de cuantos kilometros quieras disfrutar, lo alcanzarás o lo pasarás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario