miércoles, 25 de marzo de 2015

Este domingo entre amigos



Intento dormir. Me acomodo boca abajo, con el brazo izquierdo debajo de la almohada y el derecho agarrándola. La pierna izquierda está algo encogida y el pie descansa en la corva.
Repaso las cosas buenas del día. Un día que empezó nublado pero sin lluvia. El domingo prometía kilómetros en compañía. Recuerdo como me recoge mi amigo en su coche negro. Siempre está remolón en los arranques pero es el promotor de este encuentro y no falla. Vamos en coche porque hay desayuno y hay que cambiarse algo.
Ya en la puerta de los Toruños están los otros dos amigos. Calentando en la zona de grava enfrente del edificio, de negro. El mayor, con gorra blanca por previsión a una lluvia que nunca llegó, camiseta negra del Peña dosa. El menor, sonriendo y de negro también y sin gorra. Él puede presumir de una cabellera tupida con matices grisáceos y blancos. Nos saludamos con agrado y con muchas ganas de hablar mientras corremos.
Pronto nos pusimos en marcha, camino de la venta el Macka para atravesar el puente sobre el río San Pedro. La marea baja con fuerza y los esteros evacuan su exceso de agua con mucho impulso. Recuerdo los comentarios sobre el efecto de la posición de la luna y aquí se nos hace notar algo. Delante van mi vecino y el mayor. Son de la misma estatura pero a uno le cubren rizos y a otro poco más que un milímetro de pelo en los laterales. Conversan sobre carreras, entrenos, grupos, equipaciones,…, El menor interviene de vez en cuando y yo hago algún comentario. No suelo hablar mucho y menos cuando voy corriendo. No encuentro la respiración y la inspiración de mantener una conversación que mi interlocutor le pueda agradar. Contamos kilómetros y hablamos de relojes. Intentan convencerme que me adose un navegador a mi muñeca, pero pienso para mí que en esto tampoco me conocen. Qué lejos estoy de controlarme lo que corro. Y cada vez más alejado de fijarme metas de velocidad. Mas estoy cerca de nuevas carreras, nuevas rutas, no saber que ritmo he de llevar, si me espera un repecho o una curva o un cambio de suelo. Da igual ser conservador que arriesgado.
Completamos la primera parte hasta el final de la recta paralela a la carretera y nos dejamos engullir por los pinos. En una curva hacemos una “trailera”, al tener el camino una fuerte inundación. Pronto pasamos por otro tramo donde el agua dominaba hasta el filo. Salimos del parque natural y llegamos hasta la tercera rotonda de la barriada del rio San Pedro. A la vuelta marqué un poco el ritmo más fuerte hasta que mi vecino y el mayor decidieron que se acabó el juego. Ellos pueden hacer esas cosas y más.  El menor y yo nos quedamos algo rezagados hasta que él me dijo que necesitaba algo de relación. En el Macka le esperé y llegamos a la casa de los Toruños algo –o muy- cansados.
El desayuno fue grato y más relajado. Los temas saltaban entre nosotros sin controversias ni negaciones.
Ellos se reunirán en la media de Rota. Y el próximo entreno juntos, será en Rota, ya estoy deseando.
Creo que ya puedo dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario