Intento dormir.
Me acomodo boca abajo, con el brazo izquierdo debajo de la almohada y el
derecho agarrándola. La pierna izquierda está algo encogida y el pie descansa
en la corva.
Repaso las cosas
buenas del día. Un día que empezó nublado pero sin lluvia. El domingo prometía kilómetros
en compañía. Recuerdo como me recoge mi amigo en su coche negro. Siempre está
remolón en los arranques pero es el promotor de este encuentro y no falla.
Vamos en coche porque hay desayuno y hay que cambiarse algo.
Ya en la puerta
de los Toruños están los otros dos amigos. Calentando en la zona de grava
enfrente del edificio, de negro. El mayor, con gorra blanca por previsión a una
lluvia que nunca llegó, camiseta negra del Peña dosa. El menor, sonriendo y de
negro también y sin gorra. Él puede presumir de una cabellera tupida con
matices grisáceos y blancos. Nos saludamos con agrado y con muchas ganas de
hablar mientras corremos.
Pronto nos
pusimos en marcha, camino de la venta el Macka para atravesar el puente sobre
el río San Pedro. La marea baja con fuerza y los esteros evacuan su exceso de
agua con mucho impulso. Recuerdo los comentarios sobre el efecto de la posición
de la luna y aquí se nos hace notar algo. Delante van mi vecino y el mayor. Son
de la misma estatura pero a uno le cubren rizos y a otro poco más que un milímetro
de pelo en los laterales. Conversan sobre carreras, entrenos, grupos,
equipaciones,…, El menor interviene de vez en cuando y yo hago algún comentario.
No suelo hablar mucho y menos cuando voy corriendo. No encuentro la respiración
y la inspiración de mantener una conversación que mi interlocutor le pueda
agradar. Contamos kilómetros y hablamos de relojes. Intentan convencerme que me
adose un navegador a mi muñeca, pero pienso para mí que en esto tampoco me
conocen. Qué lejos estoy de controlarme lo que corro. Y cada vez más alejado de
fijarme metas de velocidad. Mas estoy cerca de nuevas carreras, nuevas rutas,
no saber que ritmo he de llevar, si me espera un repecho o una curva o un
cambio de suelo. Da igual ser conservador que arriesgado.
Completamos la
primera parte hasta el final de la recta paralela a la carretera y nos dejamos engullir
por los pinos. En una curva hacemos una “trailera”, al tener el camino una
fuerte inundación. Pronto pasamos por otro tramo donde el agua dominaba hasta
el filo. Salimos del parque natural y llegamos hasta la tercera rotonda de la
barriada del rio San Pedro. A la vuelta marqué un poco el ritmo más fuerte
hasta que mi vecino y el mayor decidieron que se acabó el juego. Ellos pueden
hacer esas cosas y más. El menor y yo
nos quedamos algo rezagados hasta que él me dijo que necesitaba algo de relación.
En el Macka le esperé y llegamos a la casa de los Toruños algo –o muy-
cansados.
El desayuno fue
grato y más relajado. Los temas saltaban entre nosotros sin controversias ni
negaciones.
Ellos se reunirán
en la media de Rota. Y el próximo entreno juntos, será en Rota, ya estoy
deseando.
Creo que ya puedo
dormir.
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