martes, 7 de julio de 2015

Una carrera irreal: Inaguración del Puente La Pepa Domingo 30 de Agosto de 2015

Le venía rondando la idea desde que escuchó que el puente si iba a abrir al público a pie durante dos o tres días. Era una oportunididad única para correr por él, de forma espontánea, sin salida ni meta, solo por correr.

Lo primero que se le ocurrió era hacerlo en su entorno más cercano. Ella, que vive en Puerto Real, se codea con muchos corredores y en los encuentros esporádicos en la calle, en el trabajo o en cualquier tienda, llevaba ese tema a la palestra, "oye, ¿y sí nos organizamos y vamos a correr juntos en el nuevo puente?". Pero le pareció egoísta y se propuso hacerlo más público. Y así lo hizo.

Para ello utilizó todas las redes sociales a la que estaba apuntada. Ella no es de redes sino de caña. Prefiere la transmisión lineal, el cara a cara, pero si quería que el puente se llenase, tendría que ser con artes de pesca masiva. Con redes pueden caer corredores y corredoras, jóvenes y mayores, rápidos y tranquilos.

Temía que las Fuerzas de Seguridad del Estado estropeasen la fiesta, pues sabía que este tipo de convocatoria sería vigilada. Y fue observada sin lugar a dudas desde el primer momento, desde la primera convocatoria. Ella y todos los que aceptamos la invitación fuimos estrechamente vigilados. El puente es cosa sería y no se podía poner en riesgo antes de que cruzase el primer coche. Incluso hubo agentes que se apuntaron a la convocatoria.

Conocido los días de tránsito peatonal, dudó entre convocarlo a la tarde del sábado, que prometía una excelente vista del rey sol acostándose a poniente, vencido por la llegada de la noche y con un prometedor tercer tiempo en algún rincón del río San Pedro. Pero ese sábado podría haber demasiado público en la parte del puente cercana a Cádiz. Cosa improbable según algunos de los allegados a la organizadora, por la apatía que los viandantes podrían sentir al ver la cuesta, algo mayor que las Calesas. La mañana del domingo, se plantearía como opción de ocupación exclusiva para corredores, sin plantearse el hecho que esos casi 6300 metros que íbamos a correr podrían estar abarrotados de paseantes. Eso sí, ese día había carrera en Sanlúcar por lo era difícil atraer a sanluqueños, chipionenses e incluso roteños.

Todas las decisiones las tomó ella. Eso sí, no paró de escuchar los comentarios de sus amigos corredores que sin saber que ella quería materializar lo que muchos deseaban, daban su opinión de forma divertida y despreocupada. Así, al principio, la convocatoria decía solo mañana del fin de semana abierto al publico el Puente de la Pepa. A medida que se acercaba el día precisó la convocatoria a las 9:30 porque asumía que los corredores más animados a unirse serían de la Bahía, la Janda o Jerez, la hora era temprana, las 9:30 en la rampa de acceso de la gasolinera de la Cabezuela.  Cada uno llevaría su dorsal, para hacerlo más divertido. Los jueces de la carrera estaba claro que iban a ser muchos. Que cada corredor se juzgue a sí mismo. La distancia no será homologada y la línea de salida y meta será ficticia y a gusto de cada corredor.

Y allí estábamos, más de 400 corredores! Las lagrimas estuvieron a punto de saltar de sus pequeños ojos ante el aplauso espontaneo de sus amigos, sus corredores amigos. Una vez compartido esas primeras charlas y con algo de retraso, subimos la rampa de acceso al puente que en verdad era la primera salida del puente. Pero algo que no esperábamos apareció en el horizonte del puente cuando ascendimos por el acceso de la gasolinera. La Guardia Civil.

Varios vehículos casi cerraban el paso y un furgón  destacaba entre ellos, aparcada atravesada en el negro asfalto, con dos números delate de ella. Su postura era relajada pero vigilante. Con su uniforme verde, las gafas negras para protegerle del incipiente sol que les daba en la cara, nos miraba atentos a nuestras reacciones. De la furgoneta pensé que podían salir miles de agentes que nos rodeasen y nos pidiesen la identificación. Nosotros nos miraríamos unos a otros, incrédulos pensando por qué hoy no hemos salido a correr sin DNI. Pero lo cierto fue que uno de ellos se acercó al grupo, esbozando una sonrisa al ver nuestra perplejidad. Preguntó por ella, por la organizadora, aunque claramente sabía quien era. Ella no dudó en dar un paso adelante. No fue como en la película Espartaco, donde Kirk Douglas no pudo salir porque todos se adelantaron. No. Fue ella quien se acerco al agente. Eso sí, varios la acompañaron. Lo primero que hizo el representante de la autoridad es disculparse por causar tensión en el grupo pero que la unidad de vigilancia de delitos por disturbios tenía que estar presente ante una convocatoria de manif... "¿cómo?" dijo un corredor alto, delgado y calvo. La descripción no os ayuda a identificarlo, pues el 70% de los corredores masculinos presentes en aquella mañana eramos así, sobre todo calvo. Pero él, era policía, e importante. Era el comisario jefe de uno de los distritos de Madrid.
La democracia de las carreras hace que todo hombre o mujer con tirantas pueda ser cualquier cosa y pensar cualquier cosa. Entre los trescientos y pico corredores que veía este agente de la guardia civil había abogados, albañiles, médicos, fontaneros, reponedores de almacén, profesores, inspectores de policía. Eran muchos católicos, musulmanes, ateos. Votaban a izquierda, derecha o simplemente no votaban. Y todos, estaban rozándose con los codos en ese amasijo que la guardia civil pensó que podían causar disturbios.
Después de esa pregunta, hubo muchas risas, carcajadas, que hizo que el guardia pasase de un estado de alerta a relajación. En mi imaginación pensé en todos los agentes dentro de la furgoneta, mirando al exterior por los cristales tintados pensando que tenían que salvar a su compañero de un linchamiento y que, de pronto, el grupo de sospechosos se tiraba al suelo muerto de risa.

El guardia civil levantó la mano, para pedir un poco de silencio que fue obedecido al rato. Hablaron él y el comisario delante de todos, con tono bajo y distendido. Estaba claro que no había furgones suficientes para llevarnos entre barrotes. La negociación era sobre el reglamento de la carrera. De nuevo un brote de risas flojas surgieron del grupo y se lo explicaron en pocas palabras: Salimos mas o menos por aquí, cuando todos gritemos "cuando diga YAAAA". llegaremos al final del puente en Cádiz y nos damos la vuelta llegando mas o menos por aquí. Los tiempos, cada uno con su reloj. Los trofeos refrescos y camisetas, cada uno lo suyo. Las reclamaciones, al cuarto de baño.... El guardia civil estaba aún más convencido de lo inocente del grupo allí congregado que cuando le informaron a principio de la mañana agentes secretos apostados en coches camuflados que el grupo era, en efecto, de  los denominados "colgados por correr".
Entonces, le llamó a ella un poco apartado del grupo. Se ofreció a dar la salida y que una moto fuera al principio de la carrera y otra al final. A ella, le brillaron los ojos de emoción. Su carrera, su espontánea carrera escoltada por la guardia civil. Y no se contuvo. Lo abrazó y besó y le dijo que sí pasándose el dorso de su mano derecha por la mejilla para llevarse la lagrima escapada.

Por fin, con media hora de retraso, nos pusimos en posición de correr. Algunos guardias civil sacaron sus móviles y cámaras para fotografiarnos. No lo iban a utilizar en nuestra contra pero sí como algo difícil de repetir. El guardia gritó "a sus puestos" muy formal en su papel de juez de un juicio inexistente. Salimos, al trote, menos dos, que no hace falta mencionar quienes son. Los demás nos reíamos y mirábamos el espectáculo de unas vistas nuevas para nosotros. Llegamos por fin a la altura del mar, y aun más se nos abrieron los ojos. Más de uno se pararon y no por cansancio sino para admirar a uno y otro lado del puente, el mar a sus pies, la bahía abriéndose a su derecha y cerrándose a la izquierda. No podía ser mejor. Justo cuando pasábamos por el centro del puente, un pequeño carguero surcó hacia el muelle de puntales. Todos levantábamos las manos en un saludo que quedó inmortalizado por las fotos de los corredores. El guardia civil de la moto del final, nos achuchaba diciendo que teníamos que terminar, que habíamos ido a correr o qué. La llegada a Cádiz en una cuesta espectacular fue también emotiva. No es el sitio más bonito de Cádiz, pero es Cádiz. Giramos y la subimos de nuevo con mucho esfuerzo para atravesar el puente. En meta (¿meta?, ¡si no había meta!) se había ya congregado un grupo de espontáneos que nos aplaudieron a rabiar. Ya con los últimos corredores en meta, saludamos a los guardias civiles que nos acompañaron. Para ellos y para nosotros fue un día inolvidable.
Después, risas y comentarios en el Bar Mari Jose de la Barriada Rio San Pedro donde desayunamos y vuelta a casa.
De esta carrera no guardo fotos, trofeos o camiseta. solo guardo la ilusión de que sea realidad

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