Mañana templada la que nos esperaba a las dos. A pesar de las muchas carreras que llevamos, que nos gusta cuando sus dedos nos cogen desde la repisa y nos da un par de palmaditas y nos dice "Ala, a correr". Nos hinchamos de orgullo y nos miramos diciéndonos "a ver como nos portamos!". Aunque no ha habido ningún día que haya protestado. No nos ha dicho nunca "¿qué os ha pasado hoy?". Si no le sale bien, lo achaca a la situación de las estrellas.
Ibamos en el coche con las zapatillas de Diego. Y Diego en ellas. Amena conversación con el profesor. También Tomás iba en sus zapatillas. Nosotras las conocemos bien. Son dos chicas fantásticas que a su edad llevan a Tomás de maravilla.
Subimos a Trebujena y aparcamos cerca de la salida. La entrega de dorsales nos sorprendió por ser individual y con chips hasta los más chicos. Y todo por la DGA, aún mas gratificante. El despliege técnico parecía de gescon-chip.
Después de subir, seguimos subiendo, pues la salida fue subiendo. Después del disparo y de los pisotones que nos dieron algunas, zapatillas, subimos para bajar y luego subir y luego bajar. Finalmente subir. Fue divertida la salida con las compañeras de siempre. Zapatillas, de Rota, Jerez, Guadalcacín, San Fernando, Chiclana y el Puerto. Cuántas ganas de charlar. Nosotras también hablamos, de lo que nos queda de vida, de donde nos llevan, que tal los dueños, que si las lesiones (rotura de telas, desgaste de suela, la plantilla...).
Nuestro dueño arriesgo. Con lo torpecito que es con sus pies, se tiró a la piscina, no, perdón, a la cuesta. Sí. cogimos las cuestas los tres como locos. Nos tocó pisar mucho con la puntera, lo cual no estamos acostubrados. Yo, la izquierda, protesté un poco. Como algunas zapatillas que hayan ido a las carreras, mi dueño mete el pie izquierdo para adentro. A mi me molesta pues no apoyo bien. Las subidas las aguantamos, hasta llegar al cementerio, cumbre de Trebujena que nos llevó boca a abajo hasta la meta.
Luego volvimos a charlar. Vimos el vino de la tierra que el señor corredor se habia ganado. Oimos desde la zapateria como al mediodía se abrió la botellita.
Las zapatillas se lo pasan me miedo, igual de mayor quiero ser uno de ellas. ¡Vaya cachondeo que montan cada vez que van a correr!
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