Mi dueño no quiere escribir. Lo haremos nosotras. Él se cree que puede contarlo todo, pero lo hace desde su punto de vista y no ve las carreras desde donde hay que verlas: desde abajo. Y ésta, Rotaria, será nuestra prueba de fuego. Si gusta, seguimos y si no, se lo haremos saber alguno de los que siempre vamos con él.
Estábamos nerviosas, en nuestro lugar de costumbre. Nuestro dueño es un maniático del orden. Le gusta que, aunque un poco apretujadas, estemos en el orden adecuado. Y nosotras, que le buscamos (nos encogimos ante otros que nos probamos, o nos estiramos para que no nos comprase otros) desde nuestra estantería en la sección de ofertas, estábamos radiantes, pletóricas, para correr en su ciudad.
Cuando se abrió la puerta y nos cogió para colocar sus pies en nosotras pensó que de nuevo tenemos la oportunidad de correr una carrera y no los entrenamientos por los conocidos Toruños o los circuitos de la Puntilla.
Él ya había desayunado y cuando miró fuera de su casa, se mostró satisfecho moviendo sus dedos en nosotras. De pronto, una llamada. Su amigo, su profesor, le protestaba porque llegaba tarde. Pero esa es otra historia que deberá ser contada por otros y no por nosotras. Estábamos muy lejos de sus oídos para entender lo que pasaba. Llamó a su otro profesor amigo y vecino para que aligerara. Se pusieron en camino. Y nosotras también. Nuestro dueño se sentó al volante todavía algo molesto por la bolsa de gas que se formó el jueves anterior. Iba con miedo después de 2 días de dopaje (Aerorex está dentro de la lista prohibida por el AMPA). El viaje, amenizado con comentarios jocosos de la capital y los capitalinos, llegó a su fin con el coche frente al muro del Campo Santo gaditano. Después de pisar embrague, freno y acelerador nos apoyamos en la capital, en su suelo. Nos llevamos a nuestro dueño hasta la recogida de dorsal (al día de hoy le debo 3€ a un futuro ex-profesor!) Los verdes del Alcantif, se mezclaban con los azules del Olimpo y de muchos otros colores (rojo chiclanero, blanco isleño o jerezano...
Y pisamos arena. Esa arena que él alaga y la considera como la mejor de la provincia. Nos hundimos suavemente en la parte seca y nos hizo trotar por la mojada. Vimos que tenia razón al afirmar que la pendiente este año era más pronunciada. Yo, la derecha andaba más alta que ella la izquierda cuando ibamos en dirección a Cádiz. Si, ya hemos salido ¡somos un poco atolondradas! nos pusimos en la parte mas cercana a la orilla para tener más planicie. Vi volando a mis referencias y nuestro jefe quiso pegarse a un tal Mon (lo supimos porque una familia le jaleaba "vamos tío Mon" y un cariñoso "Vamos Germán" que le hizo emocionar al ver a la cuñada de Mon y sus niñas diciendo su nombre de pila) Mon, chico con la edad aproximada de Germán (a nosotras nos parecía más joven y mas guapo que el calvo con gafas que nos compró) nos llevó en volanda 2/3 del recorrido. La parte mas dura fue para nosotras los charcos. Otras zapatillas comentaban en meta que fue el cambio de humedad en la arena entre la playa Victoria y la de Santa María del Mar. Pasamos un rato esperando aparecer a la madre del dueño con sus nietas (sobrinas del que nos ató a sus pies) hasta que nos volvimos a casa. Allí pasamos al solecillo escaso para secarnos. Lo pasamos bien las dos y lo escribimos en el ordenador con la punta de los cordones. A ver si mejoramos la siguiente.
Me alegro mogollón de que este blog vuelva a estar operativo. A mi personalmente, siempre me gustaron sus crónicas...Ahora bien, sin duda esta es la mejor entrada: es original, mordaz y simpática. ¡Hay que ver todo lo que pueden decir unas zapas cuando llegan a los pies de un corredor! No tengo palabras....
ResponderEliminarPrueba de fuego superada...por ahora jajaja,me alegro mucho chicas lo habeis hecho muy bien,la entrada está genial y la idea de haber recuperado el blog es fantastica.
ResponderEliminarHaber como vais evolucionando,no lo dejeis...os va a gustar mucho.
Saludos