Estábamos, como todos los sábados antes de una carrera, algo nerviosas. Los cordones no hacían mas que moverse y en el zapatero, los otros inquilinos protestaban. Por fin sonó el móvil y empezaron los preparativos. Desayuno, y a vestirse. Nos cogió con suavidad y puso sus pies encalcetinados dentro y ató los cordones. ¡qué contenta estábamos! El cielo encapotado auguraba algo de agua, como le habían dicho a Germán continuamente durante la semana. El siempre pensó que eso no era obstáculo para ir. Esta vez íbamos solos. Se abrigó con su pantalón de chándal gris y su polar con la palabra "colonia". Les tenemos mucha envidia. Ellos han ido e irán a más carreras que nosotras. Nosotros tenemos un kilometraje pero ellos, duran años y años. Eso sí. Nunca corren y nosotras sí.
Tocaba moto y lloviznaba a la altura del río Guadalete, Pero ya en Rota, no caía nada. Después de la acostumbrada recogida caótica de dorsal y camiseta (los responsables se peleaban entre ellos por el procedimiento a seguir. Y la camiseta doblemente odiosa por el color y el dibujo de los años sesenta) tenía ya su número entre imperdibles y camiseta. Durante el calentamiento, estuvimos charlando con las zapatillas de Juan Carlos y hablamos de Chiclana, de la afición, de los ayuntamientos, de la temporada. Juan Carlos lleva unas magnificas zapatillas pero ellas están más que orgullosas de estar en sus pies, de lo mejorcito de la provincia. Nos comentaban que a veces se mareaban de la velocidad que cogía en las series y que estaban deseosas de llenarse de tierra en los cross de invierno.
Fuimos a la salida. Es tradición en Rota, marear un poco a los corredores y colocar la meta en alguna calle estrecha para que nos apelotonemos y parezcamos más. Dispararon al Aire y las zapatillas se pusieron en marcha. Las de Javi Arana siempre delante con un grupo de selectos. Ay! si nos hubiera comprado alguno de ellos! Estaríamos subiéndonos al podio cada dos por tres. Pero éste! le gusta además donde queda. Dice que da todo pero nosotras no le creemos. Cuando lo vemos en las fotos sonríe! En ésta, le iba diciendo a la gente que las cuestas, que el viento en el paseo marítimo. Lo cierto que a la segunda vuelta le pasaron más de 5 ... o 6. Y él tan tranquilo.
Nos mojamos solo un poquito al principio y el recorrido fue divertido. Pisamos asfalto, adoquines y losas. Hubo rectas, curvas, subidas y bajadas. Nos lo pasamos muy bien y la carrera fue sencilla, de las que no se nota la organización. Y el público, muy agradable, en sus terrazas desayunando sus tostadas, o asomado en las casas.
Se que no volveremos porque nuestra vida es corta, pero espero que quien nos suceda vuelva a Rota y disfrute entre muy buena gente que vive y corre en la villa.
Las zapas se van superando a medida que escriben, y creo que tienen razón cuando se quejan de que su dueño no lo da todo en las carreras. De todas formas, tienen suerte de tener como dueño a un corredor como éste.
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