Sonó el radio-despertador con la misma canción romántica de todos los días. A las 7:30, nuestro corredor abrió los ojos y saltó de su cama para preparar su desayuno: Cafetera italiana y tostadas de marca blanca untada con mantequilla blanca de marca blanca y miel de calidad. Mientras observaba el cuadrado negro del televisor, pensó en las veces que ha hecho esto en los primeros minutos de su despertar. Al principio, no podía creer que pudiese ir a la carrera de Trebujena tantas veces seguidas. Los primeros días se puso nervioso, intentando cortar ese circulo vicioso que ahora volvía a empezar.
Vestido de los colores de su club de baloncesto de toda la vida, ahora forman partes de su ropa de todas las mañanas de hoy y de mañana, y de pasado. Ya había entrado la primavera en la campiña jerezana pero el invierno se asomó por el norte para despedirse, después de alejar unas cuantas nubes que guerrearon en las horas previas. Un infinito azul se alzaba sobre los tejados de Trebujena, prometiendo, un día más, otra vez más para nuestro corredor, una magnifica jornada.
Detrás de sus oscuras gafas, volvió a ver a sus camaradas de siempre. Observó sus movimientos, sus gestos, sus comentarios, mil veces repetidos en todas las últimas mañanas de su vida y en las futuras.
Comenzó la carrera con los asiduos, sabiendo como iba a quedar, disfrutó de la bajada, bromeando, bromas repetidas y viejas con los compañeros de pelotón, con la autoridad. El norte acariciaba la hierba salvaje a orillas del gran rio andaluz. Los corredores, una vez más apretaron dientes contra el viento y luego contra la cuesta de 3 km que llevaba de vuelta al pueblo.
Juan en meta, animó a los que entraban en la meta, donde los voluntarios entregaban la bolsa con plato, camiseta y alimentos.
Se sintió de nuevo feliz, al repetir puesto, al saber que iba a tener de nuevo una gratificante ducha en las perfectas instalaciones deportivas locales. Sonreía al reconocer al ganador de la prueba de hoy, que no por casualidad fue el de ayer, y será el de mañana.
De vuelta al parque cercano a la salida, departió con alegría de los mis temas que hizo ayer, sin esforzarse en cambiar el presente, sabiendo que será el futuro.
De vuelta a casa, delante del ordenador, escribió parte de ese día que mañana volverá a escribir.
A la noche disfrutó viendo la película que trata de una marmota y unos periodistas.
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