domingo, 21 de abril de 2013

Conil acogió a los corredores el 14 de Abril.

La torre se alzaba impasible a la derecha de las docenas de corredores. Si la miras desde abajo, tienes la sensación. que el vigilante cristiano de turno, podía hacer silvar alguna saeta pensando que los corredores somos infieles invasores. Pero desde arriba, la imagen es completamente distinta. Hormigas multicolores, excitadas, esperando el tiro de gracia de Juan. El disparo asusta siempre a estos animales arrinconados debajo, o casi debajo, de ese globo usualmente rojo. Y como buen ganado, siguen a su pastor, usualmente en moto.
Siempre los hay aventajados y estos reciben los apremios -a veces indeseados, como aquellos que dicen "¡corre!, los tienes cerca" y no hay nadie detras- y aplausos.
Toda población tiene una morfología atrayente y este Conil para los corredores lo es de forma especial. No van los atletas por el camino mas sencillo, sino en un sube y baja machacante. El pelotón se estiró en su bajada y en la recta del paseo para luego romperse en mil trazas de pequeños grupos de 3 o 4 corredores. Desde un helicóptero sería fácilmente observar como los hay dotados para el descenso y otros son de escasa habilidad de sacarle partida a las pendientes negativas. Y al contrario, otros son de aspiración bucal ante la cuesta y mira el suelo concentrado en aprovechar las energías.
La mañana de esta carrera fue un fenómeno maravilloso. Estamos mal acostumbrado pero deberíamos adorar esos días que el viento se lleva todo aquello que no deja ver un lejano horizonte. Y así en Conil veímos casi Africa, desde la Torre que nos puso Guzman para mirar las playas conileñas. El comienzo de la primavera estival del sur de España hace que sus ciudadanos se lancen al paseo, a la mesa del bar en la calle y la tertulia del mediodía dominical. Así estaba el centro de Conil, además de los pacientes corredores que esperaron sus premios en el podio después de  una eterna espera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario