Prólogo:
Me he dicho a mí mismo que esto lo tenía que escribir para que no se me
olvide. Desde que me planteó mi jefe el trabajo, ya me pareció que había gato
encerrado. Por eso, estoy escribiendo lo que me está pasando con este caso,
aparte de los informes oficiales que algunos mencionaré. Guardaré estos textos
por si acaso lo tengo que utilizar en un juicio contra mi jefe.
Porque aquello no fue normal. El que yo llegue a la oficina y encontrase a
mi jefe sentando en su mesa, apoyando su barbilla en ambas mano, no era normal.
Que mi superior no moviese ni un pelo al yo cerrar la puerta, tampoco. Era
la última semana de febrero y no teníamos muchos casos. Un divorcio, un
empleado de baja que jugaba al futbol, un funcionario corrupto... poca cosa. En
los últimos tiempos nos estábamos forrando con los políticos y la prensa. Los políticos
nos encargaban vigilar y sacar mierda de la vida de los otros y los periodistas
compraban todas las historias y las ponía en el ventilador. Así estaban las
ventanas de todos los edificios públicos: llenos de mierda.
Pero esa cara de mi jefe.... Al final se levantó lentamente se dirigió a mi
mesa y apartando unos papeles puso medio culo y una pierna en el espacio que ha
vaciado. Estiró su mano derecha y me paso una pequeña carpetilla. Dentro había
unos pocos papeles y un grupo de fotos. Me fijé que las fotos eran todas de
carreras, algunas con firmas como Nela o un tal "Er Manué". Los
textos eran clasificaciones de carreras.
-Este es tu hombre, Manuel, me dijo, síguelo día y noche. Tú, Ricardo y
Antonio haréis turnos. Quiero un informe al final del turno. ¿Entendido?
-Claro, sin problemas, le contesté algo sorprendido. ¿Qué buscamos?
-Nada. No tenéis que encontrar nada. Solo tomad nota de lo que hace, lo que
compra lo que come...
- Pero....
- Empiece ya. Ricardo le turnará a las 8.
Entre los papeles, estaba su domicilio, su trabajo, sus gustos. Alguien
había trabajado antes. Mientras repasaba sus gustos por el brócoli o la coliflor,
mi estómago daba vueltas rogando que encontrase otro gusto. Mi jefe me
observaba y por fin decidió aclararme algo sobre el trabajo.
- Mi Manuel, sé que esto es muy raro pero he recibido una transferencia por
3000€ por una semana de trabajo por adelantado. En un correo enviado desde una
de estas direcciones absurdas, me informaba de la transferencia (¡no sé cómo el
tío tenia nuestra cuenta!) y nos pedía que lo investigásemos. Que no era
peligroso pero algo escurridizo.
Lo cierto que no nos resultó escurridizo. Su rutina no era nada caótica,
sino todo lo contrario. Interceptamos el correo de un amigo que le decía que tenía
que entrenar, También pillamos sus conversaciones por WhatsApp de citas para
entrenar. No los entiendo Cómo pueden dedicar tanto tiempo a correr. Pues allí
estaba saliendo de su casa. Y yo detrás, con una moto. Sus entrenamientos eran
siempre por el mismo sitio. Y al llegar a casa, en el rellano de la escalera,
la luz se apagaba al agotar el tiempo que el mecanismo le daba e inmediatamente
se encendía. El sujeto estiraba en el rellano.
Día 28-Feb-2016
Ya me imaginaba por las conversaciones captadas en su WhatsApp y en sus
correos que este sujeto no nos iba a dejar descansar los domingos. Y sobre todo
ahora que nuestro cliente nos exigía un informe de cada carrera que hiciese.
Aquí va el informe que le entregué a mi jefe.
"a las 8:15 sale el sujeto de su domicilio y se dirige a su automóvil.
Tiene un raro ruido, parece que se va a descuajeringar en cualquier momento.
Sabemos el destino: Chipiona. La hora aproximada de llegada: 9 de la mañana.
Llega algo temprano y aparca cerca de un parque. Yo le he seguido en moto a una
distancia prudencial. Este sujeto es algo extraño. Suena en su radio Radio3, un
programa llamado "café del sur" donde suena música de Kurt
Weill. Anoto este asunto por si luego tiene relación con lo que nuestro cliente
desea conocer.
El sujeto se pone en la cola para coger dorsal y camiseta. Su expresión
muestra cierta decepción al ver el dibujo de la camiseta. En mi opinión, es
justificable porque es un poco fuera de época.
Se ha juntado con dos individuos a los que acompaña a su coche. Yo hago que
troto de un lado a otro. Me he puesto un peto de triatleta de un amigo mío.
Ellos no se han fijado en mí. Escucho su conversación y va de temas mundanos:
trabajo, salud, carreras, entrenamientos. Solo interesante para ellos. Se
disponen a calentar y les sigo de cerca. Parece que estos dos corredores son
famosos, porque no paran de saludarlos por un lado y por otro.
Como temíamos, la salida tardó unos 10 minutos más. La entrega de dorsales
era algo tremendo. Me puse cerca de ellos. Salieron rápidos, pero estoy en
forma y los seguí. Empezamos viento a favor hasta que giramos a la derecha
donde nos sopló en contra. Luego fue otra vez a favor hasta que llegamos a una
calle bastante larga y con algo de desnivel. Los dos famosos de Rota se habían
quedado algo rezagado de nuestro investigado. Este es un comportamiento
extraño, algo poco solidario. Como sospechaba, es un egoísta e iba a lo suyo.
Disimuló algo animando a un juvenil hasta su meta. Los mayores daban dos
vueltas.
Pero en la segunda vuelta pasó algo que tendremos que verificar en las próximas
carreras. Teniendo de nuevo viento a favor, alcanza a otro corredor y le dice
que lo lleva hasta la penúltima rotonda y ahí espera que se deshaga de él.
Parece que no lo entiende porque no se tapa detrás de él sino que se pone en
paralelo e incluso tiene problemas de mantener la línea, la calle virtual para
no darse codazos. Ya en línea de meta, nuestro corredor alza los brazos ante un
fotógrafo con aspecto de bohemio que le dispara sin compasión. Se alegra y
espera a sus amigos que felicita entusiasmado. Este individuo es muy extraño.
Uno de los roteños confirma esta afirmación diciendo que no puede ser de Cádiz
al no gustarle el futbol, el carnaval ni la semana santa.
Tendremos que seguirle en las próximas carreras.
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